Van cayendo en el día las horas como flores
que el verano llevara de la mano al olvido;
y en un barco tranquilo
va mi vida llorando muy silenciosamente
a través de los árboles que el tiempo abandonó.
Tú que estás en la sombra, ven, ven a mi labio ardiente!
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J.R. Wilcock; los hermosos días.